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Testimonios

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“El cáncer, un motivo para el cambio”

Antes de Partir anuncia con entusiasmo, el comienzo de su Blog “El cáncer, un motivo para el cambio” que, a modo de diario personal por parte de sus autores, se publicarán historias, testimonios y experiencias que esperamos, querido lector, sean de su completo agrado.

Este Blog está escrito por voluntarios que ofrecen sus servicios como terapeutas en Antes de Partir y que desean compartir experiencias reales que ayuden a comprender y mejorar la vida de los pacientes con cáncer.

En Antes de Partir estamos convencidos de que los cuidados paliativos, y las terapias como el reiki, la psicoterapia y la tanatología ayudan a mejorar la calidad de vida de los pacientes y sus familias.

“El miedo a que al cáncer reaparezca no se va nunca”

“Arantxa sabe muy bien lo que es tener una recaída. Tiene 44 años y se ha enfrentado dos veces al cáncer. Las dos ha vencido. La primera vez, la enfermedad apareció en 2008 (cáncer de mama) y la segunda, dos años más tarde (mama y pezón). Ahora, seis años más tarde, está curada, feliz y con las mismas ganas de siempre de seguir adelante. Por su familia, por sus hijos, por ella. También con miedo ante una posible recaída. Pero el miedo es libre, humano y estará presente de por vida. Así lo relata a la periodista Beatriz G. Portalatín del diario español El Mundo.

«El miedo a que al cáncer reaparezca no se va nunca, y no se te irá en la vida, pero aprendes a vivir con él. Lo importante es que no condicione tu día a día», confiesa a El Mundo. Ese temor se hace más evidente los días previos a una revisión: «Ahí es realmente cuando más consciente eres, y cuando yo me pongo más nerviosa. De hecho, mi marido, 10 días antes ya me lo nota».

«Cuando diagnostican un cáncer es siempre una sorpresa. Sin embargo, cuando has pasado ya por ello sabes que la amenaza es real», explica Patrizia Bressanello, psicóloga de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).

Cualquier enfermedad puede reaparecer, pero en el caso del cáncer «los procesos de recuperación son muy largos: se suele hablar de cinco años libres de enfermedad para poder hablar de curación», afirma, aunque tampoco ese tiempo garantiza la absoluta curación.

Los pacientes de cáncer y también sus familiares son más conscientes de esta realidad y, por tanto, el temor siempre está presente. No hay que culpabilizarse por esa emoción. «Es un miedo que acompaña siempre, no se puede vivir sin él, pues es una realidad que ha formado parte de tu vida, de tu historia. Es algo humano y natural. Se puede ser feliz teniendo esas emociones y llevar una vida totalmente normal, todo depende de cuánto caso se le haga a ese temor», afirma Marta de la Fuente Lago, responsable de la Unidad de Psicooncología del MD Anderson.

Cuando el miedo es excesivo e interfiere en el día a día es necesario buscar ayuda profesional para trabajar con la gestión de las emociones, el control de pensamientos y la ansiedad. Sin embargo, «a veces un cierto grado de temor se puede convertir en un aliado», sostiene Bressanello. Esto es: «Si tenemos un cierto grado de temor, estaremos más atentos a posibles síntomas que, a lo mejor, pueden estar indicando que hay una recaída, y eso hará que acudamos al médico.

Todos sabemos que la detección precoz es fundamental en la curación de un tumor. Puede ser algo malo o no, pero seguramente, estemos más atentos.

De forma excepcional, el miedo se hace más evidente los días previos a las revisiones, y hay personas incluso que reniegan de ellas. Sin embargo, estas citas son fundamentales.

«Es importantísimo acudir y seguir los protocolos. Además, así estoy mucho más tranquila, pues tengo la seguridad de que, si me encuentran algo malo, al menos me lo pillarán a tiempo», comenta Arantxa, quien anima a los pacientes a acudir siempre a sus revisiones.

«Una recaída suele ser mucho más desoladora, hay un miedo más intenso porque, enseguida, muchos pacientes lo asocian a progresión de enfermedad, cuando no tiene por qué ser así», mantiene De la Fuente.

La mayor o menor gravedad de la recidiva dependerá de un sinfín de factores, como el grado del tumor, si hay o no hay metástasis, etc. Por ello, es muy importante estar informados por parte del médico. Algo en lo que De la Fuente hace hincapié: «Normalmente se tiende a comparar con el caso de otras personas y es fundamental que la información venga sólo de tu médico, porque cada paciente tiene una evolución diferente».

Si existe una recaída es importante informarse de forma correcta, trabajar con los síntomas del día a día (pensar sólo en el presente) y, sobre todo, no hacer anticipaciones de lo que pueda o no ocurrir. «Hay que tener en cuenta que una recaída no es el final, que no se acaba todo. De ello también se sale», anima Arantxa.

La nota anterior fue tomada del original sin alteraciones pues representa un testimonio fiel de quien lo vive, en especial tratándose de cáncer.

Fuente:

http://www.elmundo.es/salud/2016/07/10/57811314268e3e40458b4615.html

Padecer cáncer de mama me ha ayudado a superar mis miedos

Yo soy una mujer temerosa e insegura, siempre lo he sido. De niña hablaba poco y tuve muchos problemas para socializar con mis compañeros. Si alguno llegaba a agredirme, prefería huir o quedarme quieta antes que defenderme o “acusarlos” con los maestros. Hablar en público, pedir algo en la tienda y participar en clase o en alguna reunión familiar, era una hazaña de lo más difícil y estresante para mí. Así fue toda mi vida y hasta que me enfermé de cáncer las cosas cambiaron para mí.

El cáncer es una enfermedad que no tolera trastabilleos ni espera a que estés segura para actuar. Con el cáncer he tenido que superar todos mis miedos y darle la importancia a la persona que realmente soy, incluso por encima de las demás.

Con el cáncer de mama maduré lo que no maduré en 55 años. La enfermedad me liberó de complejos y prejuicios y ahora puedo decir que he empezado vivir realmente. Cada paso que doy ahora, lo doy con más convicción y seguridad que antes y estoy convencida de que superaré la enfermedad a base de voluntad y de seguir las indicaciones médicas.

La palabra cáncer suena terrible, pero hay que hablar de ella sin miedo. Ayuda mucho, te reconforta y te libera de cualquier complejo o trauma al que te hayas enfrentado. Las enfermedades son enfermedades. El cáncer no es sólo muerte. En el mundo mueren más personas por enfermedades del corazón o diabetes que por tumores y nadie se estremece más al mencionar la palabra cáncer que al mencionar la palabra infarto.

El cáncer en mi caso me ha convertido en una persona distinta que nada tiene que ver con la que era antes.

Mi hija Sara fue sobreviviente de cáncer de seno

Tras varios meses de estar batallando con una bolita que tenía en el seno derecho, Sara fue diagnosticada con cáncer de mama, pero su intuición le salvó la vida.

Mi hija Sara es una joven hermosa, tiene una sonrisa y una vibra positiva impresionante que contagia a cualquiera que la conoce. A sus 27 años de edad le diagnosticaron cáncer de mama y fue el 29 de octubre de 2011 cuando su vida cambió por completo.

La historia de mi hija comienza durante una autoexploración que ella se realizaba en el cuarto de baño, en ese momento sintió una bolita pequeña, aparentemente inofensiva, a la cual no le dio mucha importancia, por lo que esperó hasta el mes de octubre que le tocaba su revisión médica para realizarse un ultrasonido.

El médico que le realizó los estudios le aseguró que no debía preocuparse ya que se trataba de una manifestación fibroquística en las mamas. “¿Qué es eso doctor?”, le preguntó mi hija. Lo recuerdo bien porque yo estaba con ella cuando el médico le dijo que era un cambio común del tejido mamario que presenta pequeñísimos bultos benignos. “Nada de qué preocuparse”, insistió el doctor. Y agregó además que a sus 27 años era común tener bolitas de grasa o inflamaciones en los pechos. Mi hija quedo convencida y continuó su vida normal.

A los pocos meses de la revisión médica Sara comenzó a sentirse mal, sufría de dolores de estómago y de cabeza, así como repetidas fiebres de casi 40 grados. Para ese entonces la pequeña bolita había aumentado considerablemente su tamaño. Sara consultó a otro médico quien insistió que era demasiado joven para sufrir una enfermedad como el cáncer. Sin embargo, todos en casa sospechábamos que algo no andaba bien con Sara, así que decidimos llevarla a un hospital especializado para que le realizaran estudios, lamentablemente una biopsia confirmó que Sara tenía cáncer de seno en etapa IV.

El 14 de mayo de 2012 viajamos con mi hija a la ciudad de México para someterse a una operación. Los doctores le realizaron una mastectomía y le extirparon 37 ganglios de los cuales 19 presentaban actividad cancerígena.

La intuición de mi hija Sara y su relativa insistencia de ver que todo estuviera bien con su cuerpo le salvaron la vida. Actualmente recibe tratamiento y se encuentra en recuperación. Por supuesto mantiene su bella sonrisa y la vibra positiva que siempre le ha caracterizado.

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